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La
historia de Juan Herrero
Corría
el año de 1506 y nuestro pueblo era únicamente
el barrio de la Murada, que estaba protegido por el
castillo y las murallas medievales.
Un vecino de Villarluengo, Juan Herrero, fue víctima
de un terrible engaño.
Una mañana, antes de hacerse de día,
iba Juan Herrero y un falso amigo suyo por un camino
de los que comunica el pueblo. Al llegar a un cruce
de caminos, se encontraron con una tercera persona.
Rápidamente, el falso amigo aprovechó
la ocasión para asesinar a la tercera persona:
le asesto un fuerte golpe en la cabeza, y luego la
machaco. Además, saco un puñal y se
lo clavó en el corazón. Una vez cumplido
su propósito, huyó monte a través
lejos de esta tierra.
 
Juan
Herrero dudó entre comunicar a las autoridades
lo que había visto, perseguir al asesino o
dar largas y continuar con sus labores del campo.
Opto por la ultima, y esa decisión fue equivocada.
A la vuelta al pueblo, fue detenido como presunto
autor del asesinato. Por mucho que lo negó,
no pudo evitar su condena: "Muerte en la horca".
Llego el día de la ejecución, lo sacaron
de la cárcel del castillo y rezó en
la Iglesia que había al lado. Lo llevaron a
la Peña de la Horca (nombre conservado hasta
la actualidad), lugar destinado a la ejecución
de los reos.
Entonces ocurrió una cosa muy importante: justo
antes de morir, ya con la soga al cuello, Juan dijo
unas palabras que reproduzco textualmente del libro
"Águilas Imperiales den Monte Santo"(p.19):
"Sepan y oigan todos los que aquí se hallan
presentes y testigos de lo que yo ahora dijere, para
gloria de Dios y de su Madre Santísima; y es
que, en ese montecillo que se ve ahí detrás,
el cual ahora se dice la Loma de San Cristóbal,
se aparecerá de aquí a algunos años
una imagen de Nuestra Señora, por cual devoción
y reverencia, se fundara en el propio lugar en que
fuere hallada, un convento de religiosas, en cuya
iglesia será venerada y honrada la dicha imagen".
Acto seguido, el verdugo tiró de la cuerda
y Juan murió injustamente, por aquel asesinato
que nunca cometió.
La Aparición
de la Virgen del Monte Santo
Después
de aquel suceso, Villarluengo sufrió un periodo
de 10-15 años de duras adversidades meteorológicas:
Sequías, grandes heladas, pedriscos... que
comportaron hambre, enfermedades y duras penurias
sobre la población (años 1506-1522).
Pasaron unos años, y las palabras del pastor...
¡se cumplieron! Otro pastor, curiosamente llamado
Juan Ferrero, halló una imagen de una Virgen
cuando iba con sus animales por la Loma de San Cristóbal.
Era una escultura tallada en ónice, de unos
11 centímetros. Esto ocurrió la mañana
del domingo 17 de Agosto de 1522.
Llevo la imagen a su casa, pero enteradas las autoridades
eclesiásticas de pueblo, estimaron que no era
el lugar correcto para la Imagen. Y así, la
llevaron a la Iglesia. A la mañana siguiente
había desaparecido, sin que nadie hubiese forzado
las puertas del Templo. Ninguna persona sabía
su paradero.
A los pocos días, Juan Ferrero retorno con
su ganado a la Loma de San Cristóbal, y nuevamente
encontró la imagen de la Virgen del Monte Santo
en la misma piedra que la hallo la primera vez. La
guardo, temeroso contra su pecho, y la Imagen le quedó
grabada en su carne como a fuego, conservándola
hasta después de muerto. La Virgen permaneció
en casa del pastor durante un tiempo, hasta que nuevamente
la retornaron a la Iglesia, en una gran y sentida
procesión.
 
Construcción
de una ermita
No
satisfechos con ello, los sacerdotes locales pidieron
opinión sobre donde ubicar la Imagen. Desde
Valencia, personas importantes de la Iglesia, determinaron
que lo mas adecuado era construir una ermita cuyo
altar estuviera en el mismo lugar donde apareció
la Virgen. Y así fue. Al cavar para su construcción
apareció cal y llovió abundantemente,
cosa que facilitó enormemente la tarea. Su
construcción fue rápida: desde Pascua
de Resurrección hasta el mes de Agosto. Una
vez terminado, fue subida la Imagen desde la Iglesia
hasta la nueva ermita, en una numerosa y vistosa procesión.
La noticia del hallazgo de esta virgen y de sus hechos
milagrosos se extendió por muchas zonas, y
llego incluso hasta tierras valencianas. Su repercusión
fue enorme en aquellos tiempos. Al verano siguiente,
la ermita se mejoró con la construcción
de una bóveda, bancos, coro...
Construcción
y fundación de un convento
La
importancia de la Imagen hallada iba en continuo aumento
y la gente de Villarluengo pensó en construir
una casa para un ermitaño; o bien un Convento
y confiar la Virgen a religiosas. Decidieron esta
ultima, y procedentes del convento de Santa Isabel
en Valencia, llegaron a Villarluengo 4 monjas para
fundar el Convento del Monte Santo. Eran: Sor Maria
de Jesús (Ministra), Sor Catalina Pérez
(Vicaria), Sor Juana Terrades (Tornera) y Sor Magdalena
de la Cruz (Maestra de Novicias).
Llegaron a Villarluengo el 16 de Octubre de 1540.
Mientras se construía el Convento, permanecieron
en el castillo del pueblo. Había pasado 34
años desde la predicción de Juan Herrero,
justo antes de morir en la Horca. Durante los meses
de octubre y noviembre la construcción del
nuevo monasterio, junto a la ermita ya existente,
avanzo mucho, para detenerse durante los meses invernales.
En la p.62 del libro "Águilas
Imperiales en Monte Santo" se describe
perfectamente las distintas dependencias del Convento:
Doce celdas, sala capitular, refectorio, locutorio,
cocina, despensa, lavadero, cisterna, almacén
para leña y enfermería.
Y llegó el día en que la construcción
se acabo y las religiosas se trasladaron definitivamente.
Era el 12 de Agosto
de 1541.
 
La vida en el
Convento y el Final de sus días
Además
de las cuatro fundadoras, muchas otras se agregaron
después. Numerosas virtudes religiosas tuvieron
todas ellas, que por falta de espacio no puedo reseñar.
La vida en comunidad llevó su ritmo normal:
intensa en oración y dura en trabajo. Muchos
e interesantes detalles se explican en los distintos
libros que hablan del tema (momentos de la vida del
Convento, religiosas que lo habitaron, milagros de
la Virgen...) y desde aquí os invito a que
los leáis. Verdaderamente merece la pena.
Con el tiempo algunas reformas se hicieron en el convento:
p.ej. dotarlo de un gran patio con porches, donde
se construyeron varias capillitas dedicadas a santos.
Algunas religiosas del Monte Santo salieron para fundar
otros monasterios. El convento vivió grandes
años de esplendor en muchos aspectos (económicos,
social...), pero llegó el final. El Decreto
de Mendizábal, que pretendía recaudar
dinero para el Estado a costa de los bienes de la
Iglesia, afectó al Convento. Pero lo que precipito
el fin fue la Guerra Carlista que se produjo en el
Maestrazgo.
El 20 de junio de 1836 la Comunidad de Religiosas
fue exclaustrada por orden del general de las tropas
liberales. Había 34 monjas, de ellas 19 naturales
de Villarluengo. En 1837 fue utilizado como prisión,
causándose enormes desperfectos. Pero las religiosas
consiguieron retornar el 27 de julio de 1838 pero
el ejercito carlista ordena que las monjas lo abandonen
para convertirlo en fortaleza militar. Así
pues, se marcharon para siempre del Monte Santo la
mañana del 28 de Octubre de 1839.
El ejercito carlista trato con respeto las pertenencias
del Convento. Por causas bélicas lo abandonaron
y los liberales lo tomaron decretando su incendio,
para evitar así que volviera a ser fortaleza
carlista.
Los liberales, ganadores de esta guerra, estaban convencidos
de que las monjas estaban a favor de los carlistas,
perdedores. Así pues, los liberales no dudaron
en quemar el Convento
en parte movidos por la venganza. Las autoridades
locales y muchos vecinos apoyaban esta decisión,
cosa que dice muy poco a favor de ellos al no respetar
una obra levantada con enorme esfuerzo por las generaciones
anteriores. Así pues, por orden del general
Fulgioso y del alcalde de Villarluengo se decidió
el incendio. El cura del pueblo se hizo cargo
de todo cuanto al culto se refiere. La Imagen de la
Virgen quedó depositada en la Iglesia del pueblo.
Y los vecinos corrieron para apoderarse de todo aquello
que tuviera algún valor.
A las 3 de la tarde
del 6 de abril de 1840 le prendieron fuego,
y estuvo ardiendo durante toda la tarde y noche. Pisos
y paredes se derrumbaron.
Las religiosas que del Monasterio salieron continuaron
durante muchos años sus tareas por otras poblaciones,
y siguieron siendo monjas del Monte Santo hasta el
6 de Septiembre de 1966, cuando solo quedaban 5 y
se fusionaron.
La Imagen de la Virgen desapareció Guerra Civil
de 1936, sin que nadie sepa actualmente donde esta.
La que se venera ahora es una copia de aquella.
Rafael Dolz Navarro
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